Necesitamos al atractivo de nuestros valores para salvar a Europa

Enrico Letta, Le Monde, 3 octubre del 2017
(FR, EN, DE)
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Cuando comenzó la integración europea, el mundo tenía tres mil millones de personas, de las cuales un sexto era europeo. En las próximas dos décadas el mundo estará poblado por unos diez mil millones de personas, de las cuales sólo un vigésimo será europeo. De los siete mil millones adicionales, no habrá europeos, sino asiáticos, africanos y americanos.

La Unión Europea nació en y para un mundo “eurocéntrico”. La necesidad de renacer después de 1945 y la Guerra Fría, de la que el continente fue el principal campo de “enfrentamiento”, han puesto a Europa en el centro de las preocupaciones globales. A finales de los años ochenta, entonces , la caída del Muro de Berlín puso nuestra parte del mundo en el centro de la esfera geopolítica.
El eurocentrismo también caracterizó a la economía. En el momento de su creación, en 1975, y gracias a la iniciativa de Valery Giscard d’Estaing, el G-7 (el grupo de los siete países más ricos) tenía tracción Europea, ya que incluía los cuatro países principales del viejo continente. Entonces Europa representaba un tercio de la economía mundial.
Hoy en día, el contexto ha cambiado completamente, sobre todo por causa de una relación sin precedentes entre la modernidad y la geografía, posible gracias a la difusión de las nuevas tecnologías: la supremacía de la economía está cada vez más determinada por la fuerza demográfica. Esta conexión no era tan estrecha en el período descrito arriba. Un país podía tener mil millones de personas y mantenerse al margen del mercado mundial, como lo fue para China antes de su apertura comercial . Gracias al acceso más fácil a la tecnología, la fuerza demográfica ya no es una carga, sino que se convierte en una ventaja.

Los países europeos, incluso los más grandes, con su “solos” cuarenta, sesenta, o incluso ochenta millones de habitantes no podrán hacer frente a la competencia del resto del mundo, que está en constante crecimiento. Me refiero no sólo a los grandes países emergentes, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), si no también a Turquía, México, Indonesia, Vietnam u otros como Corea del Sur y Nigeria. Si creáramos un nuevo G7 en veinte años, este no vería ningún país europeo entre sus miembros!
El centro de gravedad del mundo, sabemos, se ha trasladado a Asia. Para resumir esta tendencia, se dice que está “pasando del Atlántico al Pacífico”. Durante sus mandatos, Barack Obama trabajó duro para fortalecer los lazos con los países de Asia y el Pacífico.
El verdadero desafío
Frente a una fuerza basada en la población, ¿qué puede hacer nuestro “viejo continente”? No mucho, excepto que manejar las migraciones mejor. Tenemos que cambiar el campo de juego y mejorar una de las ventajas competitivas más importantes que nosotros europeos tenemos y que muy a menudo nos olvidamos: el atractivo de nuestros valores. Por lo tanto, surge la siguiente pregunta: ¿cómo podemos pasar de una fuerza proyectada por nuestra supremacía económica a una fundada en nuestros valores? ¡Cuidado, pero! Esto no significa renunciar a ambiciones de primacía económica, incluida la supremacía industrial. Sin embargo, frente a la aparición, en las próximas dos o tres décadas, de nuevos importantes actores económicos, delante de enormes aglomeraciones de millones de personas, no vamos a ser influyentes en el mundo de mañana si no afirmando la capacidad de atracción y la fuerza de nuestros valores.
Si tenemos éxito en esto, nosotros, los europeos, podremos ser, de acuerdo a una fórmula anglosajón común hoy en día, los “fabricantes de la reglas” (rule-makers) y no los “tomadores de reglas” (rule-takers). En otras palabras, seremos los que escriben las reglas de funcionamiento del mundo, no aquellos que las aplican o, peor aún, las sufren. Si nos disgregamos, el tamaño que cada uno de nuestros países tomará, nos pondrá inevitablemente entre aquellos que las reglas solo las aplican. Estas serán establecidas por los estadounidenses y los chinos, mientras que los italianos, franceses, españoles, portugueses, belgas, polacos y así sucesivamente, uno de lado a otro, las recibirá. ¡Aquí está el verdadero desafío del futuro para Europa y la razón para unirse hoy!

Los líderes populistas y soberanistas mienten cuando pretenden que salir de Europa nos hará recuperar nuestra soberanía, el dominio de nuestro destino y nuestra grandeza de un tiempo. La soberanía o será europea o se perderá cada vez más . En lugar de difundir mensajes mistificadores, decir la verdad a los electores significa explicar en que dirección va el mundo y expresar la que que nosotros, los europeos, queremos que el mundo tomar. Significa aclarar que Europa será fuerte e influyente en el mundo, pero no como en el pasado y no de la misma manera.
Todo esto será posible si somos capaces de reinventar Europa y adaptarla a un mundo global, donde la influencia, el poder y los elemento de fuerza serán completamente redistribuidos. ¿Por qué hacer Europa entonces? Para hacer que el mundo que dejamos a nuestros hijos, aunque sea menos “eurocéntrico”, pueda ser, en los valores, más “europeo”.

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